Aplaude la gente en el cine

Desde la pandemia sabemos, y ya es ocioso decirlo, que ver una película es una experiencia diferente si lo hace uno solo agachado en un teléfono y con audífonos, o en una sala de proyección con el sonido apropiado y una comunidad de desconocidos que experimentan lo mismo que uno.

Para bien o para mal, en mi vida solo he presenciado dos veces que una audiencia aplaudiera al terminar la película. En la primera, había ido a ver Rogue One, el spin-off de La guerra de las galaxias, y la gente se volvió loca; y, luego, pasó lo mismo en la proyección de Willaq Pirqa, una película peruana-boliviana hablada casi en su totalidad en quechua, cuyo final conmovió a muchos de mis anónimos compañeros.

Como seguro ya conocen de qué va Star wars, vale la pena que hable de Willaq Pirqa. Es la historia de un niño, Sistu, que vive en un caserío cerca de una comunidaden el Cuzco de los 70. Un buen día, en el pueblo descubre un cine itinerante que proyecta películas de Bruce Lee, King Kong, Charlie Chaplin y demás. Maravillado, poco a poco convence el niño al resto de su comunidad para que vayan a visitar la novedad. Sin embargo, las películas no se dejan apreciar por la gente, ya que eran proyectadas en inglés y subtituladas en un español que solo los niños podían leer. Los adultos se retiran y, a partir de ese episodio, nace en Sistu la vocación de contar historias que su gente pueda disfrutar. Decir más sería incurrir en spoiler, por lo que me apena que no esté disponible en plataformas de streaming; pero de seguro con el tiempollegará, como lo hizo el cine en quechua.