Hola amigos, bienvenidos al Podcast de La Casa Rojas de Rojas Spanish Language.  Les saluda su amigo Luis y nuevamente en otro episodio de este Podcast.

Las gracias como siempre a Roberto Everest por la introducción que al mismo tiempo nos trae a la mente al autor y compositor de esta canción el Sr. Facundo Cabral.

De igual manera  no olviden nuestro programa de español en La Casa Rojas, www.lacasarojas.com

Ahora, nuestra historia…

 

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Muchos de ustedes saben de nuestra aventura al iniciar nuestras vacaciones. En el Podcast anterior les conté brevemente acerca del inicio de nuestro viaje de vacaciones empezando en autobús en los Estados Unidos. Pueden leer más acerca de este viaje en el blog de Joan en www.joanrojasblog.com

Pero en este Podcast quiero pensar un poco más en algunos detalles de la experiencia familiar  en la que nos involucramos cuando estuvimos viajando. Una en particular.

Cuando pienso en las columnas de una edificación pienso en las grandes columnas que sostuvieron el Partenón en la antigua Grecia. Un total de 46 columnas sostienen a la estructura que albergaba a la estatua a la diosa Atenea Parthenos, la diosa de la guerra, la civilización, la sabiduría, la estrategia, las artes, la justicia y la habilidad.

Columnas que sostienen una estructura.

Cuando llegamos a Tennessee hace 4 semanas, fue una alegría inmensa ver a los padres de Joan, quienes nos estuvieron esperando en la estación de Grayhound en Morristown TN

Con ellos empezó el desfile de historias del pasado que a mí personalmente me encanta escuchar porque me hace sentir más cerca de lo que ahora es mi familia americana. Es así como conozco a la familia extendida, como Grandma Maríe, la abuela Marie, que fue la madre del padre de Joan, y así, al abuelo Louis, el padre de mi suegro para quien empezó a trabajar. El abuelo Benjamín, quien trabajó para la compañía Tony Co, de shampoo, jabón y otros productos. La tía Junnie, y otros.

Mi suegro tiene 79 años y mi suegra casi la misma edad de modo que los que tiene padres o abuelos de esta edad saben que la lucidez que demuestran cada vez que se remontan al pasado es de una claridad impresionante que realmente nos hace revivir épocas pasadas como si hubiera ocurrido el mes pasado.

Muchos de mis estudiantes saben que me gusta la historia, y que sin ser historiador, busco en la historia, con frecuencia, la explicación de acontecimientos y eventos actuales. En mi familia, la historia familiar enseña siempre lecciones de vida para evitar o adoptar, en otras palabras: sabiduría de vida.

Al día siguiente de nuestra llegada luego de sentarnos a disfrutar el paisaje de Bean Station en Tennessee con café fresco, French Roast para ser exactos, continuamos nuestras actividades vacacionales. Yo me disponía a ir a correr un poco, Joan a otros preparativos.

Horas después, yo estaba sentado frente a mi suegro quien no se había levantado de su sillón reclinable. Al levantarse y dar unos paso observo que necesita extender el brazo casi en forma automática para tocar la pared y encontrar un punto de referencia para poder mantener el equilibrio y no caerse.

En los días siguientes, mi suegro no podía caminar. Un proceso de deshidratación hizo que esa semana de vacaciones termináramos en las salas de emergencia de hospitales en Morristown y Johnson City.

Es muy típico ver a nuestros padres o abuelos caminar lento, lerdo y encorvados al llegar a edades  cercanas a los 80. Esto tal vez no sea una sorpresa. Pero lo es cuando vemos a quienes amamos perder la coordinación del paso al andar, o ver que las piernas pierden de pronto la fuerza para sostener el cuerpo y empiezan a ceder al peso.

La arrogancia de las fuerzas que tenemos cuando somos jóvenes nos hacen perder muchas veces esta perspectiva en la vida. No pensamos mucho en nuestra salud o en disfrutar del presente porque siempre estamos trabajando para el futuro.

Ver a mi suegro tambalear muchas veces en esa semana me hizo recordar a mi padre. Si bien disfruté de su sabiduría y compañía al mirar hacia atrás pienso que no fue suficiente, y ahora ver a mis suegro, al padre de mi esposa and quien ahora de cariño le llamo “Dad”, me hace revalorar necesidad de pasar más tiempo con ellos, con mi madre, con personas de esta edad, en medio de esta sociedad moderna donde la pretensión y arrogancia de la juventud  nos hace perder de vista el hecho de que la ancianidad es nuestro futuro.

Lo bueno de esos días con él en el hospital y en casa fueron las conversaciones familiares. No cualquier conversación sino esa conversación que contiene la carga de experiencia de vida, éxitos y fracasos que urge compartir a las generaciones que vienen.

Muchas veces no son conversaciones extensas. La sabiduría viene en unas cuantas oraciones,  en el contexto de una enfermedad, el calor de una buena cena, o compartiendo el viaje juntos.  Tal vez por eso nuestros padres y abuelos ancianos no quieren otra cosa que nuestra compañía, nuestra presencia cerca o nuestra voz…y no creo que sea simplemente para estar con nosotros, tal vez, por una urgente necesidad interna de transmitir sus experiencias para evitarnos fracasos experimentados o éxitos disfrutaos.

No voy a olvidar la mañana cuando lo llevaba al hospital. Eran las 3 am y estábamos camino a  Johnson City. Yo conducía, él, con dolor, en el asiendo de la izquierda.

Yo con mi GPS para llegar al hospital, el con su memoria y conocimiento de las carreteras a la perfección que dejó a mi GPS en una situación ridícula.

Llegamos al hospital, yo era el que estaba a cargo.

De regreso a casa me dijo que si no hubiera sido por nuestra visita y nuestro cuidado quizás habría tenido un final diferente. Yo pienso que si no hubiera sido por él, no hubiera deseado tanto poder tener a mi padre para abrazarlo y pedirle que me dé más de su sabiduría.

Esa semana vi a mi suegro caminar lerdo y lento. Esa semana vi como sus piernas se debilitaban, como dos columnas que ya no podían sostener la estructura de su cuerpo.

 Sí, cuando las columnas tiemblan, es para avisarnos de que debemos revisar la estructura y tal vez, otras áreas del edificio.

Hasta la próxima,

Luis

 

Créditos de Música:

Kinkora, Celtic Music

 

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