Hola amigos: Bienvenidos.

Les habla su amigo Luis Rojas y estoy contento de estar otra vez con ustedes con una nueva historia en español para los estudiantes de español y los que les gusta practicar español con mi Podcast, aquí estamos para compartir con ustedes algunas de las vivencias que nosotros como hispanos tenemos y queremos compartir eso con ustedes.
Siéntanse libres de escuchar el audio cuantas veces sea posible ya que el audio es gratis. Los miembros Premium que tienen acceso a la transcripción de este programa pueden trabajar en la fonética y vocabulario y también en los aspectos culturales que compartimos con ustedes en nuestro programa.

De igual manera los profesores de español pueden hacer uso de este Podcast y si tienen preguntas acerca de cómo trabajar con el Podcast u otras sugerencias, por favor, escríbanme. Pueden hacerlo a lacasarojas@lacasarojas.com . Me va a dar gusto hablar contigo y proveer de sugerencias para la clase en el uso de este Podcast.

También recuerden que tienen nuestro programa en línea con videos para diferentes niveles, diferentes videos, de modo que pueden visitar www.lacasarojas.com

Ahora, nuestra historia…

 

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Créditos de Música:

Frantic, Ennio Morricone


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Un día cálido con una temperatura de 80° F (unos 26.6° C), soleado y con brisa. Alta humedad que no me importa porque después de haber experimentado temperaturas de -20° F  (unos -28.8° C) hay que tener humildad para no expresar descontento por un día caluroso.

El invierno fue largo y frio. Y al compartirles en un Podcast anterior acerca de mis vivencias en Minnesota y cómo un peruano tiene que lidiar con el frío y la nieve, veo con satisfacción la llegada del verano en el hemisferio norte.

Mientras se acerca la tarde, le digo a Joan si quiere ir a caminar para disfrutar de la tarde. Ella, ni corta ni perezosa, se apresura a responder: ¡Qué buena idea!

Tomamos las llaves, nos ponemos los lentes de sol, y nos lanzamos al húmedo y cálido día. Es sábado por la tarde.

No es un sábado cualquiera. Es el primer sábado con buen clima después del invierno extendido. Eso hace que sea especial no solo por la temperatura sino por la necesidad humana de encontrar en la naturaleza inspiración, descanso y ánimo que nos da un día sábado con sol y cielo azul.

Aquí vamos, caminando por la calle hablando de la familia o del trabajo  sin que el tema nos estrese.

Mientras caminamos puedo percibir que tanto Joan como yo llevamos una conversación paralela. Esa otra conversación que es mental y que va de la mano mientras escuchamos lo que nos decimos….

¿Qué piensas de nuestro viaje en agosto?  – me pregunta Joan

Bueno, con expectativas de saber si finalmente podremos ir a alguna parte. Hay aún mucho que hacer con nuestro trabajo y los estudiantes – le respondo…y la conversación sigue.

En ese momento soy consciente de ideas que pasan…

“Ojalá podamos llevar a nuestros padres a alguna parte” – me pregunto mentalmente.

“Tal vez sea posible un viaje corto a Seattle y visitar la costa oeste de Estados Unidos” – saltan en la imaginación estas dos ideas que han sido uno de nuestros deseos desde hace varios años.

Seguimos caminando y decidimos ir a tomar y comer algo en algún patio. Eso es una buena idea en un día soleado.

Continuamos caminando esta vez con rumbo a uno de nuestros restaurantes favoritos de Saint Paul cerca a nuestra casa.

Nuevamente la expresión en voz alta de “¡qué día excelente! Y una sonrisa que sólo expresa la expectación de pasar la tarde juntos.

Seguimos con la conversación.

Muchos se preguntarán: ¿qué hay de novedoso en un día soleado? , es un sábado más, un día más…

No, no, no…Pero no es un día más. He aprendido gracias a Joan a disfrutar mucho más del acto que implica, tomar la decisión de salir a caminar en un día soleado, dejar las cargas de los quehaceres en casa o hablar de ellos sin estar sumido en su estrés, ir a comer y beber algo casual y vivir el momento.  Vivir el momento.

No me malinterpreten…no pienso en vivir el momento como regla de vida, claro que la vida exige más que vivir el momento solamente. Pero reconozcamos que en medio de la rutina, vivir el momento es más que un receso, más que un “break”…es el premio, la recompensa al trabajo arduo.

Estamos llegando a nuestro restaurante y nos ubicamos en una mesa desde donde podemos ver a la gente disfrutar de la misma experiencia que nosotros…espero.

Los días así establecen los recuerdos del futuro. Tal vez por eso los valoro mucho. Son estos días los que voy a recordar de mi vida en Minnesota 5 o 10 años en el futuro.

¿Dónde prefieres? – me pregunta Joan por el lugar para escoger dónde sentarnos.

No importa, en cualquier lugar. Pero esperamos a que nos ubiquen ¿verdad? – le respondo

No, si nos vamos cerca de la barra, además solo queremos tomar algo – sugiere ella

Bueno, está bien conmigo – nuevamente le respondo.

El cielo continua hermoso, azul, y soleado. El edificio alto del restaurante donde estamos se interpone entre el sol y parte del patio dando sombra a un grupo de comensales y dejando que el otro grupo disfrute del sol. Es una de esas tardes que uno no quiere que termine. Una de esas tardes que el edificio construido en 1889 se expone frente al público mostrando su hermosa arquitectura antigua.

Se acerca el mozo y nos pregunta que deseamos ordenar. Nosotros ya sabemos, pero nos encanta ver el menú otra vez. Cuando regresa estamos listos:

Un Martini

Una margarita

Alcachofa con espinacas con salsa

Y papas fritas

Salud

 

 

Créditos de Música:

Frantic, Ennio Morricone

 

 

2 thoughts on “Vivir el momento”

  1. Gracias Luis por este podcast. Disfruto mucho escuchando a los podcasts que tú has escrito y grabado, ellos siempre son muy interesante. Aunque hay nuevo vocabulario en cada uno para mí, lo cual es bueno, pero a mi me parece es muy especial porque una persona está compartiendo sus pensamientos con otros. Este tipo de podcast es real y creativo y además no es lo mismo como leyendo un articulo que no tenga una tema interesante. Estoy seguro esto no tiene sentido, pero espero que sí.

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